A setenta mil pies de profundidad

Miseria, deseos y pasiones.
Carácter bajo y ligero.
Fracasos y privaciones.
Los motivos de Rodon se resumen bajo estas condiciones.

La miseria es la única fuente de todo crimen.
Vanidad, celos y avaricia.
Envidia, ira y codicia.
Todas ellas proceden de la miseria y la carencia.

Hablar y decir más de lo que está permitido.
Aires de grandeza y ambición.
Los vicios tienen castigo.
El castigo es análogo al de Fineo:
La tormentosa hiel de la arpía.
Vientre horrible y fétido.
Con insaciable hambre transforma toda su comida en excremento.
Agrio como la hiel de aspides.

¿Regira para siempre el reino que supura hiel?

Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida.
Esta es la Ley de la ofrenda quemada.
Grasa, vísceras y entrañas.

Transición de estadios.
En un arranque de desesperación Rodon escudriña sus motivos.
El sufrimiento y la desesperación van unidos a una elevada inteligencia.

De la bajeza estética a la tristeza de la gaya ciencia.
La gaya ciencia también produce llagas purulentas.
Nada tiene que ofrecer Zaratustra si se siente robado.

No todo está perdido.
Donde hay sepulcros, hay resurrecciones.
El polvo vuelve a la tierra y el espíritu vuelve a Dios que lo dio.
No te presentes sin vestido de bodas.
El alma es espléndida vestimenta con la que se visten los siervos.
Llegar a manos del Dios Vivo es cuando el ser humano encuentra conciliación.

Mantente alejado de la incertidumbre objetiva.
Mantente a setenta mil pies de profundidad.

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